Andrea Carulla. Diseño con conciencia

Por Teresa Herrero


” Cuanto más local eres más posibilidades tienes de globalizar”

“Mi trabajo parece emocional pero detrás hay mucha razón”

Desde su estudio de Banyoles, Andreu Carulla aboga por un diseño responsable y concienciado. Mezcla de técnica y pasión, tan racional como personal, su trabajo alcanza ahora una nueva proyección con
la dirección creativa de Calma, cuyos primeros resultados hemos podido ver Milán.

Sin paredes, sin reloj, sin wifi y con mucha calma… Así, abierta, global y firme avanza la trayectoria del diseñador catalán Andreu Carulla tras doce años de trabajo en su estudio de Banyoles (Girona). De allí han salido decenas de productos creados para importantes firmas, con un enfoque tan conceptual como emocional, reconocido con importantes premios. Unos son visionarios y futuristas, tecnológicamente avanzados; otros, sostenibles y 100% eco; pero también están los “craziest”, proyectos disparatados y geniales que le ayudan a experimentar. Arte y tecnología, razón y emoción; no existen límites para el estudio de Carulla. Su filosofía: un estilo de vida anclado en la naturaleza, el slow life y el diseño como herramienta de transformación. Desde su refugio en Gerona, su voz se une a otras que a través de la profesión buscan mejorar el mundo. Carulla habla de diseño con conciencia y responde sin dudar cuando se le pregunta si este trabajo se debe abordar desde la responsabilidad: “Absolutamente”, dice tajante. Ya venía de- mostrándolo en proyectos como RocaRecicla, con el Restaurante el Celler de Can Roca, o su Design Diplomacy, la colección de muebles para la Embajada de España en Finlandia, pero es especialmente con el relanzamiento de la firma de mobiliario outdoor Calma, donde Andreu Carulla, ahora su director creativo, ha dado rienda suelta a este enfoque comprometido del diseño.

Es evidente que necesitamos un nuevo enfoque sobre el diseño para tratar de salvar el planeta, ¿cuál es su aportación?


He tenido la suerte de poder afrontar ahora con Calma mi proyecto más ambicioso, personal y en el que puedo ejercer con total libertad mi forma de pensar. La firma nació hace 30 años importando muebles y edita su propia línea desde hace diez. Está situada en el norte de Cataluña, en Figueras, en un entorno idílico. Ellos tenían producto outdoor; nosotros (siempre utiliza el plural mayestático, incluyendo a su equipo) les habíamos hecho piezas, una de ellas el parasol Om, obtuvo el Red Dot Design Award, Best of the Best, en 2015. Luego hicimos el sofá Alat, que ganó un Good Design Award de la Academia Americana de Chicago y este año hemos recibido dos galardones más. Pero no estaba alineado con su forma de trabajo y les dije que no veía mi continuidad en la marca si no se planteaban un cambio radical”.

De ese órdago resultó que la firma le ofreció la dirección artística y la libertad total para que en un  año realizase año realizase una nueva colección que se ajustara a sus criterios. Carta blanca. “Les dije: ‘Voy a tirar muchas cosas y a exigir que entren otras muchas, inclusive nuevos diseñadores que creo que pueden aportar mucho”.

¿Y cómo ha transformado Calma?

El concepto del proyecto se basa en analizar por qué intentamos importar la filosofía del hygge danés, esa idea de recogerse en el interior de la casa, cuando no existe en España. Nosotros nos sentimos bien fuera, viviendo el exterior, pero de una forma confortable, no fría: en los pueblos tienen las sillas en la calle, de cara a la gente. Hemos querido crear la marca cálida de outdoor, lograr este encuentro en el exterior, pero que se vea la huella artesanal. Le hemos dado un giro muy importante.

¿En productos, en qué se traduce el cambio?

He incorporado 30 piezas nuevas, tres lámparas y un taburete y dos celosías en cerámica. Hemos realizado un importante trabajo en La Bisbal, utilizando la cerámica en piezas de mobiliario funcionales. También trabajamos en forja, con un remake de la silla clásica de chapa perforada con trébol. Hemos metido muchísima madera y sacado todas las piezas de plástico, no quiero plástico en la marca. Me sabe mal por los diseñadores que las hicieron, pero hoy no tiene sentido hacer un tiesto gigante o una silla en rotomoldeo.

¿Y a nivel humano, qué le ha aportado
 a la marca?


Conté con grandes amigos, como el gran diseñador André Ricard. Fuimos a verle y le planteamos todo el proyecto. Le propuse cuatro o cinco piezas y me dijo muy tranquilo: “Amigo Andreu, los proyectos requieren de su tiempo de maduración, por lo que no me puedo comprometer con un plazo”. Decidimos revisar lo que se había dejado de editar y llegamos a su primera silla Boomerang, de 1950. Hizo diez, la patentó y nunca se editó masivamente. Ahora existe la oportunidad de poder comprar la primera silla de André Ricard del año 50, lo que es un puntazo. Otra novedad de este entorno de amigos es Pete Sans, que vive en el Empordà, muy reconocido por la lámpara Prima, y por la silla Coqueta, con tres pies y estructura de acero y médula, premio Delta de Oro del 88. Esta también la hemos recuperado. Llevaba años descatalogada y era una pena

Con tanto mueble clónico, tanta copia, es una gran idea recuperar piezas que se han dejado de editar y siguen tan vigentes como el primer día…

Esta es la parte de recuperación, un ejercicio de responsabilidad que, como tenía la oportunidad y carta blanca, me he dado el gusto de hacer. Son cosas que tenemos aquí, es un valor del país. Y si no lo reconocemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?. A la gente le gusta. ¿Por qué fabricar piezas nuevas si tenemos buenos diseños?

“Hoy en día se está conectado desde cualquier sitio… Eso me encanta, pero también me gusta la tranquilidad y estar con mis tres hijos allí. Si puedo ahorrarme una feria o una presentación, lo hago; pero de vez en cuando tengo que ir y luego me gusta muchísimo, y lo aprovecho a tope. Pero después vuelvo y estoy la mayoría del tiempo así, como arropado en un sitio confortable donde me relajo, hago deporte por las mañanas y saco adelante mi trabajo. Estoy intentando frenar el ritmo frenético que podría tener si dijera que sí a todo lo que se presenta.

En este recorrido por su trayectoria, Andreu Carulla destaca uno de sus últimos proyectos, que acaba de volver a presentarse en la Madrid Design Week. Se trata del Design Diplomacy, una colaboración con el diseñador finlandés Mikko Laakonen para amueblar parte de la sede de la Embajada de España en Helsinki, en Villa Himber, de 1954. El proyecto contó con la participación de dos productores, uno de cada país, Made by Choice y Mobles 114.

¿Cómo valora este proyecto?

La Embajada de España marca como una distancia, es como entrar en un país dentro de otro, tiene magia. Me ha encantado hacerlo porque he conocido desde dentro cómo funciona. El embajador me invitó durante el proceso para que conociera mejor la casa y a él. Dormí allí, incluso íbamos a correr por la mañana. A nivel personal ha sido súper bonito. A nivel profesional, también
conocer cómo trabajan en Finlandia el mueble, la velocidad a la que pueden hacerlo los
que realmente producen allí, en Finlandia, y su gran calidad. También un poco para des-
mitificar el país. Sí, tienen a Alvar Aalto,
 pero, a nivel de fabricación, hacen las cosas
de una forma parecida a la empresa española. Sí que tienen mucha calidad, pero también se apoyan muchísimo en el nombre del
país, en su background; tienen toda la cultura, el peso de la historia, pero nosotros, como país fabricante de mueble, no tenemos mucho que envidiar.

Otro trabajo reciente que ha marcado un antes y un después en su carrera es la serie de taburetes RR201, en poliestireno expandido zero-waste (sin desperdicios), creados para el Celler de Can Roca. Un material muy difícil de reciclar para el que el diseñador tuvo que idear un proceso nuevo que obtuvo el premio IED Eco Design Award, 2018.

‘La basura de un hombre es el tesoro deotro’, con este lema presentaba los tabure-tes RR201. ¿Qué ha supuesto este diseño?

Muchos meses de investigación experimentando con poliestireno, polietileno, poliamida, cartón, madera…, y mucha satisfacción al conseguirlo. El trabajo para Celler Can Roca es muy especial, pura creatividad. Los hermanos Roca no te ponen límites, al contrario, te empujan para ir más lejos.

Una de las piezas más importantes que ha hecho para ellos es el Tocaplats –en colaboración con el artista Cyborg, Neil Harbisson–, un plato que ‘reproduce’ los sonidos de la comida. Harbisson, que es daltónico, ‘escucha’ el color de las cosas traducido a música’ y, de igual manera, Tocaplats transforma el color de los alimentos en melodías. Esto le permite a Jordi Roca crear sinfonías a partir de la comida. “Parece complejo, pero en directo es absolutamente mágico”, explica Carulla. Un mix de ciencia, arte, diseño y gastronomía. Además del plato, este proyecto incluye los cubiertos, la máquina de helados calientes y, ahora, el ‘carrito-araña’, que parece salido de un episodio de Black Mirror, y está a medio camino entre una araña de Tim Burton y una obra de Theo Jansen, el escultor cinético.

Esta relación con los Roca ha debido ser verdaderamente especial…


Es una de las grandes experiencias que he tenido como diseñador. Es que ahora son amigos. Con Jordi tenemos una relación muy próxima y muy fluida, necesitamos hablar muy poco para entendernos. Así es como salen estas cosas, porque todos tenemos que dar mucho para llegar. Este carrito, que tiene tanta gracia, es la historia de un  esfuerzo titánico. Así era el brief de Jordi: “Quiero una bestia de carrito para el chocolate, que ande”. Si no nos lleváramos tan bien, nunca habría hecho este proyecto, que supuso un trabajo enorme. Pero ellos lo merecen y lo pasamos muy bien. Sé que lo van a disfrutar, que lo van a cuidar, que lo van a valorar, y trabajas con el corazón con ellos y por eso salen estas cosas que a veces son raras.

 

¿Siempre pone tanto corazón?

Nuestro trabajo es bastante más racional de lo que pueda parecer. Parece emocional, pero también tiene mucha razón. Le ponemos mucha emoción pero después de un objetivo bastante definido. Yo diría que también somos bastante intuitivos dentro de esta racionalidad, que cuando tenemos que ser comerciales nos cuesta, pero nos centramos y estudiamos lo que necesita el cliente, y bajamos a tierra; pero ahí está la emoción y el intentar aportar algo al sector y a la sociedad.

¿Puede un mueble trasladar humanidad, y emoción?


Sí, para mí, sí, sin duda… Intento ser sincero y noble en el uso de los materiales, nunca forzar.

Esta entrevista se publicó en el nª 316 de la Revista Diseño Interior

https://www.revistadisenointerior.es/andreu-carulla-diseno-con-conciencia/

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