Arquitecto, diseñador, artista: Guillermo Santomá

“Creo en la indisciplina como orden y como manera de entender”

“Hay que ser absolutamente antimoderno”, dijo Rimbaud. Y así es Guillermo Santomà (1984) un moderno que detesta la modernidad. Arquitecto, diseñador, artista, que se mueve entre el orden y el caos, la indisciplina y la medida. En esa eterna disyuntiva que define al que se sale del camino e ignora lo preestablecido y las normas.

 

De él dicen que es osado, radical, provocador, pero en realidad se trata de un lírico del siglo XXI, un guerrero varado en un lugar en el que no existe el tiempo para objetos ni espacios. Su última exposición en el Museo Cerralbo de Madrid, un palacete del XIX, creado para acoger las colecciones de un marqués, aglutinó parte de sus últimos trabajos, muebles-es- cultura, y marcó un antes y un después en la trayectoria de un creador que ya ha recibido el reconocimiento internacional. De las 18 obras expuestas parte llegaban al Cerralbo tras pasar por Design Miami y sus galerías Etage Projets de Copenhague y Side, de Barcelona, otras han sido creadas especialmente para hacer temblar los salones más románticos del museo. “He trabajado este proyecto de una manera literaria, tiene mucho de literatura, de intentar transportar los límites. Para mí, el marqués de Cerralbo y su familia eran una forma de ficción. Al visitar el museo y ver todas las capas de historia que se acumulan comprendí la importancia que tiene poder entablar un proyecto dentro del tiempo, ese tiempo que no existe pero que el museo ha hecho posible”.

El tiempo es una de las obsesiones de este creador. Tras hacer un paralelismo entre el marqués y Macedonio Fernández, padre de Borges y autor de El Museo de la novela Eterna, obra de 50 volúmenes, Santomà nos remite a un terreno en el que se van alternando autores que representan la tradición, –desde El Quijote a Javier Cercas–, historias y tramas, que va mezclando con Michael Jackson, Kasparov, ‘la guerra de las guerras’, libros y películas –Apocalyse Now, Tom Wolfe, Truman Capote–.Y de la ficción a la no ficción; a los iconos –de Gloriosos Bastardos de Tarantino, a Bolaño– ;“por un lado o por otro, vienen a contar lo mismo”, explica. Y pasa de Edgar Alan Poe, de la criminalidad como ficción, a los Soprano. Un derroche de acontecimientos, citas, y series como Memento, Prision Break o Black Mirror. “Lo que me interesa es transmitir, contar historias. Toda mi obra va de eso, no puedo verla individualmente, la veo como un conjunto y el Cerralbo ha sido la oportunidad de poderlo colocar dentro de un diálogo y formar parte de la historia, poder expandirme de los límites”.

 

 

¿Cómo ha sido su encuentro con el Museo?

“El proyecto llegó como un accidente de la vida, por casualidad. Después de un largo proceso, se dio un feeling muy fuerte. Medimos el museo para tratar de encajar todas las piezas del rompecabezas. Al principio, vi caras de miedo, pero esto es como ir a la guerra, que una vez que has decidido ir tienes que llegar hasta el final, y en este caso teníamos que ser consecuentes con todas las decisiones que habíamos tomado desde el conocimiento y del cariño al sitio. La intervención no me parece agresiva y no hay un sentido de querer equiparar sino de un formar parte, de fundir, de darle una segunda vida al espacio”.

 

Guillermo Santomà transmite que tiene la ambición de ser una persona conectada al 100% con los tiempos que le han tocado vivir y entiende este lugar como un espacio mestizo en el que se funde el pasado con la actualidad; el clasicismo con la modernidad; la memoria con la anotación diaria; en definitiva: interpreta la vida como un lugar donde la confrontación es absolutamente necesaria para generar ideas y movimiento continuo.

Al escucharle hablar uno tiene la sensación de que está frente a una perfecta dicotomía en donde esa confrontación de dos partes es fundamental para conseguir el todo.
“Hay muchos autores, series, películas, que hablan de confrontación, yo no quería ser vio lento pero está claro que los episodios de destrucción, son una reacción contra la acción. Ese fin del arte existió en un momento pero quiero creer que existió como relato, como parte de la metaliteratura para alimentar a unos fantasmas que siempre han existido y en el fondo puedes sacar y volverlos a pasear. Yo creo que el problema del fin del arte es generar pensamiento a partir de esos elementos que se han vuelto obsoletos y que se puede transformar y actualizar. Me interesa el  diseño porque el objeto tiene su valor intrínseco en el uso y su capacidad de conectar. En realidad, Santomà viene a ser como una especie de guerrillero que busca la justicia que aúna el tiempo pasado y su reconocimiento, con el efímero tiempo presente. Intenta despojar de vanalidad y postureo la realidad dominante para dejar al descubierto lo esencial, lo fundamental, lo transcendente. Entiende esta batalla como algo orgánico, pasional, que está en constante evolución y busca su fortaleza en la experiencia del pasado a través de la literatura, el arte, el cine y la música, disciplinas que han planteado la confrontación como un lugar mental y físico en donde se haya la verdad. Como si la resolución del enigma a través del análisis y de la intuición desembocara irremediablemente en la certeza.

 

Nunca cita a ningún arquitecto, diseñador, interiorista, sus referentes son únicamente novelistas y cineastas. “Son los que crean historias y conceptos. Me interesa la obra donde es muy difícil diferenciar la forma del uso”. ¿Y en realidad qué es: arquitecto, diseñador, artista…? “No veo diferencia entre unos y otros… Tengo formación de arquitecto y diseñador, pero insisto en que creo en la indisciplina en todos los sentidos. Como orden y como manera de entender; creo que las cosas tienen que moverse en todas las vertientes. Sus trabajos remiten a las películas de ciencia ficción de Serie B de los años 50 y 60, en las en las que extrañas masas de lavas marcianas van inundando irremediablemente todo lo que se encuentran por el camino. No deja de ser esto una metáfora paradójica porque Santomà se plantea que, de la ocupación del paisaje tradicional a través de su ocultación, debida a la masa, nace un nuevo paisaje lleno de oportunidades que, a su vez está sostenido, a modo de cimientos, por la base del pasado que ha quedado sepultado. “Toda esta locura, esa incongruencia la tienes que resolver haciendo bien tu trabajo”.

 

En el estudio siempre  intentamos llevar al límite las premisas que nos ponemos, parece que vamos a dar una patada a las cosas, que las rompemos; es un trabajo tan concentrado, tienes que tener un dominio de la materia que tienes haber hecho muchas antes cosas para poder llegar a esto. Es como un nuevo minimalismo. Me gustaría explicarlo como el trabajo que da que pensar y conectarlo con el siguiente; no puedo ver cada obra aislada.”

Con todo esto Santomà diluye las encrucijadas generando un solo camino que se define como un espacio de pensamiento en donde el diseño, el arte, el concepto, la utilidad, la emoción y el pragmatismo forman parte de lo mismo: de la vida. Ya no hay compartimentos estancos, todo es transversal y fluye con comodidad por el nuevo “lugar” que el creador pone a nuestro alcance para que podamos situarnos en él y vivirlo sin prejuicios. Los dogmas y academicismos desaparecen dando lugar a una heterodoxia creativa que se define por la indefinición, por la manera en que se mezclan los materiales mientras fluyen por el espacio y lo redefinen.

“ De hecho, para mí el Cerralbo es como intentar cerrar un capítulo. No sé si querré seguir haciendo estos objetos o estas historias, ya lo veré, ya surgirá. En el fondo me sirve como de fin; es como cerrar un trayecto arquitectónico a la vez y tiene muchas referencias a los anteriores y a todos mis otros trabajos. Este se cierra en sí mismo, ahora quiero un cubo blanco”.

 

 

Esta entrevista se publicó en el n 314 de la Revista Diseño Interior

https://www.revistadisenointerior.es/guillermo-santoma-museo-cerralbo-madrid/